Las imágenes de Ceuta vuelven a mostrarnos una frontera desde el lado de quienes están dispuestos a cruzarla nadando.

Durante la última semana, alrededor de 1.500 personas llegaron desde Marruecos al enclave español. Los centros de acogida se encuentran saturados y España desplegó policías y militares. Al menos nueve cuerpos fueron recuperados durante la emergencia, mientras las autoridades contabilizan decenas de muertes en el mar durante los últimos meses.

El derecho internacional reconoce que toda persona puede salir de cualquier país y regresar al propio. Los Estados pueden controlar sus fronteras y establecer políticas migratorias, pero ninguna situación administrativa despoja a una persona de su dignidad, su vida o sus derechos fundamentales.

Chile conoce las migraciones selectivas. La Ley de Colonización de 1845 promovió la llegada de artesanos, agricultores y profesionales germanos para poblar Valdivia, Osorno y Llanquihue. Entonces el extranjero europeo era presentado como una promesa de desarrollo. Eran otros tiempos, pero atención al patrón de aversión a "los pobres", en el fondo se pensaba que si el migrante es de un país desarrollado, entonces tiene valor ¿y si no?

Chile fue puntero en temas de migración: la libertad de vientres de 1811 declaró libres a los hijos de mujeres esclavizadas, y en 1823 Chile abolió completamente la esclavitud.

Hoy sigue sucediendo, que la hospitalidad cambia cuando el migrante es pobre, negro o llega desde un país latinoamericano. Muchas veces no se teme realmente al extranjero: se teme a la pobreza y a la posibilidad de tener que compartir servicios que ya eran insuficientes, pero también hay odio y falta de respeto e ignorancia.

Esperar atención en un consultorio con precariedad no es un invento ni culpa de migrantes Es un sistema debilitado por otras razones, que nos obliga a competir por una hora médica, una matrícula o una vivienda.

En 2024, las personas nacidas en el extranjero representaban el 9,7% de la población chilena, frente a un promedio de 11,5% en la OCDE. La migración puede ampliar la fuerza laboral, el consumo, los emprendimientos y la recaudación; pero sus beneficios no aparecen automáticamente si no existen vivienda, escuelas, salud, regularización e instituciones capaces de integrarla.

Por eso las promesas de expulsiones masivas suelen chocar con el derecho, el presupuesto y la capacidad real del Estado. El Gobierno de José Antonio Kast realizó en abril su primer vuelo de expulsión con 40 personas: una distancia considerable respecto de las cifras prometidas durante la campaña.

Un país puede cerrar temporalmente una frontera desbordada y perseguir el tráfico de personas. Lo que no debería hacer es convertir al migrante en culpable de hospitales sin recursos, salarios bajos o barrios abandonados.

Las necesidades humanas pueden parecer infinitas. Pero la respuesta no consiste en decidir quién merece quedar afuera. Consiste en construir un país más grande que su miedo, uno donde alcancemos quienes ya estamos y también quienes todavía vienen en camino.