Hay una fuerza que aparece cada vez que Chile enfrenta una emergencia. Se organiza cuando un incendio arrasa una localidad, cuando una familia necesita apoyo, cuando hay que reconstruir una vivienda, acompañar a una persona mayor, proteger un ecosistema o generar oportunidades para niños y jóvenes.

Es el voluntariado.

Este sábado 8 de agosto, parte importante de ese mundo se encontrará en la Universidad Alberto Hurtado, en Santiago, para celebrar el Congreso de Voluntariado 2026, el primer encuentro nacional organizado por Quiero Ser Voluntario Chile.

La convocatoria reunirá a cerca de 150 representantes de más de 80 organizaciones, incluyendo fundaciones, corporaciones, programas universitarios, empresas con voluntariado corporativo, instituciones públicas y redes vinculadas a la participación ciudadana.

Durante ocho horas, entre las 09:00 y las 17:00, compartirán experiencias y discutirán cómo fortalecer un ecosistema que muchas veces funciona lejos de los grandes titulares, pero que sostiene silenciosamente una parte importante de la vida comunitaria del país.

Una ciudadanía que no quiere limitarse a observar

El Congreso llega en momentos en que resulta necesario volver a discutir qué significa participar en democracia. Porque la participación ciudadana no termina en las urnas.

También ocurre cuando una persona entrega gratuitamente horas de su semana para enseñar, acompañar, plantar, rescatar, alimentar, reconstruir o simplemente estar disponible para otra persona.

Ese capital humano y social existe. La pregunta es cuánto lo reconoce el Estado.

Chile necesita avanzar hacia una discusión institucional y legislativa capaz de reconocer adecuadamente el rol del voluntariado, no para burocratizarlo ni apropiarse de su autonomía, sino para comprenderlo como una expresión legítima de participación ciudadana.

Reconocer a quienes realizan voluntariado implica también preguntarse por su formación, protección, derechos, responsabilidades y por las condiciones en que las organizaciones movilizan personas para trabajar en comunidades y enfrentar emergencias.

Una legislación moderna debiera ser capaz de fortalecer esa participación sin apagar aquello que precisamente le entrega valor: que nace de la voluntad de involucrarse.

De las buenas intenciones a organizaciones más fuertes

Ese será uno de los desafíos que atravesará la jornada.

Las organizaciones participantes presentarán experiencias relacionadas con gestión y formación de voluntarios, articulación público-privada, medición de impacto, respuesta ante emergencias, vinculación comunitaria, innovación social y profesionalización del sector.

No se trata solamente de convocar personas con ganas de ayudar. El voluntariado contemporáneo enfrenta desafíos cada vez más complejos.

Una organización necesita saber recibir a sus voluntarios, capacitarlos, protegerlos, asignar correctamente sus tareas y evaluar si la intervención que desarrolla realmente produce un impacto positivo en la comunidad.

Por eso profesionalizar el voluntariado no significa convertirlo en empleo gratuito. Significa exactamente lo contrario: dar valor al tiempo que una persona decidió entregar gratuitamente y evitar que esa voluntad sea desperdiciada por falta de organización.

Durante la tarde, los participantes pasarán de las exposiciones a mesas colaborativas destinadas a construir propuestas para el fortalecimiento del sector. Posteriormente, un plenario buscará recoger las principales conclusiones de la jornada.

Sebastián Chávez y la tarea de conectar

Detrás de la convocatoria está también el trabajo de Sebastián Chávez Navarro, fundador de Quiero Ser Voluntario Chile y uno de los persistentes promotores de la articulación del voluntariado en el país.

La organización ha construido una red que actualmente reúne a más de 150 organizaciones de voluntariado a nivel nacional, desarrollando iniciativas de capacitación, colaboración, respuesta ante emergencias y fortalecimiento institucional.

El desafío que Chávez y su organización ponen sobre la mesa es particularmente relevante: conseguir que organizaciones que trabajan por separado comiencen a reconocerse como integrantes de un mismo ecosistema.

Porque una fundación ambiental puede parecer muy distante de una agrupación que acompaña personas mayores, una organización dedicada a emergencias o un voluntariado universitario. Sin embargo, todas comparten preguntas similares: cómo convocar, cómo formar, cómo cuidar a sus equipos, cómo medir su impacto y cómo relacionarse con el Estado y las comunidades.

El Congreso busca sentarlas alrededor de una misma mesa.

Santiago como punto de encuentro

Durante este sábado, Santiago quiere transformarse así en una verdadera capital del voluntariado, reuniendo experiencias provenientes de áreas tan diversas como salud, educación, cultura, medio ambiente, derechos humanos, inclusión, deporte, niñez, personas mayores, acción social y gestión del riesgo.

Y quizás el principal resultado del encuentro no esté solamente en las conclusiones que se lean durante el plenario de las 16:00 horas.

Estará en las conexiones que sobrevivan al Congreso.

En organizaciones que descubran que enfrentan los mismos problemas. En universidades capaces de abrir nuevos espacios de participación. En empresas que comprendan que el voluntariado corporativo puede ir más allá de una actividad anual. Y también en instituciones públicas dispuestas a reconocer que la ciudadanía organizada no es únicamente beneficiaria de las políticas públicas: también puede ser protagonista de ellas.

Chile conoce bien el poder del voluntariado. Lo ha visto después de terremotos, incendios, inundaciones y catástrofes, pero también lo observa diariamente en miles de acciones pequeñas que nunca llegan a las noticias.

El paso siguiente es más profundo: dejar de entender esa energía solamente como una respuesta espontánea frente a las emergencias y comenzar a reconocerla como parte permanente de nuestra democracia.

Este 8 de agosto, más de 80 organizaciones llegan a Santiago para comenzar esa conversación.