La Policía de Investigaciones detuvo a Nelson Haase Mazzei, coronel retirado del Ejército y último condenado que permanecía prófugo por los crímenes del cantautor Víctor Jara y del entonces director general de Prisiones, Littré Quiroga Carvajal.

Haase Mazzei, de 80 años, fue encontrado en una parcela situada en un sector rural de Puyehue, en la Región de Los Lagos. Su captura se produjo después de que la ministra en visita para causas de derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza, ordenara su ingreso inmediato a prisión.

La Corte Suprema había dictado sentencia definitiva en agosto de 2023. El exmilitar fue condenado a 15 años y un día de presidio como autor de los homicidios calificados de Jara y Quiroga, además de otros 10 años y un día por sus secuestros calificados. Sin embargo, no se presentó a cumplir la pena y permaneció prófugo durante casi tres años. Poder Judicial

Un crimen convertido en símbolo

Víctor Jara era cantautor, director teatral y profesor de la Universidad Técnica del Estado. Littré Quiroga era abogado y director general de Prisiones. Ambos fueron detenidos después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y trasladados al entonces Estadio Chile, utilizado por las Fuerzas Armadas como centro de detención.

Debido a su notoriedad pública, fueron separados de los miles de prisioneros recluidos en el recinto. Durante su cautiverio padecieron agresiones físicas y psicológicas antes de ser asesinados. Sus cuerpos fueron abandonados posteriormente en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano.

La investigación judicial estableció que Haase Mazzei se encontraba destinado en el Estadio Chile como teniente de una sección proveniente del Regimiento Tejas Verdes. Aunque negó haber participado en los hechos, los tribunales determinaron que actuó como autor, integró la estructura de mando existente dentro del recinto y portó armamento compatible con las lesiones que provocaron las muertes.

El asesinato de Víctor Jara se transformó en uno de los casos más representativos de la violencia política ejercida por la dictadura militar. Pero su centralidad simbólica no debe ocultar que la misma causa permitió reconstruir también el secuestro, la tortura y el asesinato de Littré Quiroga, cuya historia quedó durante décadas fuera del recuerdo masivo.

Una justicia que tardó más de medio siglo

La detención no repara los crímenes ni devuelve el tiempo perdido. Entre los asesinatos y el ingreso efectivo del último condenado a prisión transcurrieron casi 53 años. Durante ese periodo, las familias debieron enfrentar silencios institucionales, versiones contradictorias, pactos de protección y extensos procesos judiciales.

La captura de Haase Mazzei cierra la condición de prófugo del último condenado por esta causa, pero no concluye la discusión pública que la rodea. También obliga a observar una realidad incómoda: en Chile, muchas sentencias por crímenes de la dictadura llegaron cuando víctimas, familiares, testigos e incluso responsables ya habían muerto.

La justicia tardía continúa siendo justicia. Pero su demora también forma parte de la historia que el país debe recordar. 24 Horas, The Clinic

POR QUÉ IMPORTA

Porque demuestra que los crímenes de lesa humanidad pueden seguir siendo perseguidos aunque hayan transcurrido décadas. También recuerda que la memoria no consiste únicamente en homenajear a las víctimas: exige identificar responsabilidades, ejecutar las sentencias y preservar los hechos frente al olvido o la negación.